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SOPA DE PIEDRAS

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LA SOPA DE PIEDRA.

Había una vez un viajero, que en cierta ocasión llegó a un pueblo. Como llevaba dos días sin comer nada caliente; comenzó a llamar a las puertas pidiendo una sopa, pero nadie le quiso dar.

El viajero siguió caminando cansado y hambriento, hasta que a lo lejos vio otro pueblo. ¿Y si allí nadie le quería dar tampoco una sopa caliente? Estaba preocupado. Empezó a pensar que podía hacer y…de pronto, sonriendo se agachó para recoger…una piedra… redondita, lisa, bonita… y se la echó en el saco que traía a la espalda.

Al llegar al pueblo se acercó hasta la plaza dónde había un grupo de gente. Después de saludar dijo--con su permiso, me voy a hacer una sopa de piedra--. Y sacó la piedra.

La gente comenzó a reírse del viajero, pues pensaban que estaba loco.

Sin embargo, éste dijo-- seguro que os reís porque nunca habéis tomado una sopa de piedra. Pues os tengo que decir que es un plato exquisito.

-Eso tendríamos que verlo-dijo la gente.

Si queréis-dijo el viajero-- puedo preparar una sopa de piedra para todo el pueblo. Pero para eso, necesito una cazuela bien grande. La gente del pueblo sentía mucha curiosidad por aquella sopa de piedra, así que le trajeron la cazuela más grande que encontraron.

El viajero encendió un fuego en medio de la plaza. Lleno la cazuela de agua y la puso con cuidado encima del fuego. Luego lavó la piedra. Y cuando el agua de la cazuela empezó a hervir, dejo caer suavemente la piedra dentro de la cazuela.

Al cabo de un rato, sacó una cuchara de madera que llevaba, probó la sopa y dijo:-- Ya empieza a estar rica, pero estaría aún más rica si tuviera unas patatas. Y fueron a buscar patatas para la sopa. La sopa siguió cociendo y la gente estaba admirada. El viajero dijo entonces:- Si tuviera un poco de verdura, hasta los propios ángeles se chuparían los dedos. Y la gente del pueblo trajo zanahorias, pimientos y tomates. El viajero las cortó y echó los trozos al puchero. Volvió a probar la sopa al cabo de un rato y dijo:--deliciosa, pero con unos trozos de chorizo sabría de maravilla. La gente del pueblo le trajo unos trozos de chorizo y el viajero los echó enseguida a la cazuela. Creo que ya está todo-dijo-. Ahora sólo hay que esperar un poco y…

Al cabo de un rato probó la sopa con su cuchara de madera y dijo-¡Maravillosa! Sólo le falta un último detalle. ¿Cuál?-- dijo la gente del pueblo. Pues un poquito de sal, una pizquita de orégano, algo de pimienta negra…Y la gente trajo sal y orégano y pimienta negra. Al cabo de un rato, el viajero probó la sopa y dijo:-- creo que es la sopa de piedra más rica que he preparado nunca. Ahora, todos a comer. Sólo necesitamos unos platos y unas cucharas. Y fueron a buscar cada uno sus platos y sus cucharas. Un hombre  dijo de pronto-- Yo traeré unas botellas de vino. Y yo  vasos para todos-dijo otro. Yo traeré unas hogazas de pan que cocí esta mañana-dijo una mujer. Y yo un par de quesos, de mis cabras-dijo un hombre que era pastor. Y yo traeré bizcochos para que haya algo dulce de postre—dijo otra señora…

La gente comió de aquella sopa y todos la encontraron riquísima.  Y bebieron vino. Y comieron pan y queso. Y bizcochos. Aquello era una fiesta. La gente charlaba y reía. Y  pronto comenzaron a cantar y a bailar.

(Hasta que el viajero dijo que tenía que irse)

Se estaba haciendo de noche y aquella fiesta a punto de terminar. De pronto una niña se dirigió al viajero para decirle--¿Y qué vas a hacer con tu piedra?

Lo cierto-dijo el viajero- es que me podría llevar la piedra para preparar otra sopa, pero os la voy a regalar para que vosotros os juntéis cuando queráis y preparéis otra sopa de piedra. Así os acordaréis de mí.

Muchas gracias-dijo toda la gente del pueblo.

(El viajero comenzó a despedirse para seguir su camino y la misma niña preguntó--¿Y dónde vas a dormir esta noche? Pues debajo de un árbol, como siempre. La niña se quedó un poco triste. Hasta que su madre dijo-pues entonces, ven a dormir a nuestra casa y mañana seguirás tu camino. Encantado-dijo el viajero. Y al menos por una noche durmió con la barriga llena y entre suaves sábanas)

Lo que si cuentan, es que en aquel pueblo, al menos una vez al mes, todos se juntan en la plaza para preparar una riquísima sopa de piedra. Y charlan y ríen y cantan…y siempre recuerdan a su amigo, aquel viajero, que les enseñó a preparar una sopa de piedra.

Cuento popular español, versión de Roberto Mezquita

 

 

 

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